El más sobado

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Por Ricardo Moreno Valencia

Es muy sobado el tema acerca del origen de las tradiciones, festividades y/o formas de ser del mexicano. Ni los españoles, ni los alemanes ni los chinos andan tan ocupados en cómo son ellos mismos, como los mexicanos metidos a pensar (y publicar libros) acerca de la forma de ser de los propios mexicanos. Una vez a la quincena, se suma un nuevo volumen en las librerías acerca de este tema.
Y no es que esté mal. Sepa. Lo que ocurre es que es que a veces se torna difícil creer que no haya un traje “oficial” digamos de charro o de un mariachi. No lo hay porque la tradición comenzó hace apenas cien años cuando la fiesta del centenario de la independencia nacional y las clases sociales acomodadas decidieron para ir a la fiesta conmemorativa, usar nada menos que las vestimentas a la usanza de los caporales que trabajaban para ellos.
Dicen que fue un éxito; todos bailaron, sonrieron, se tomaron fotografías y desafortunadamente la fiesta terminó porque llegó la lluvia.
Otro tema es el de origen del mariachi; que si es de Cuba, que si unos franceses que andaban de visita en Jalisco se vistieron con los trajes típicos de la región para ejecutar melodías en una boda. Que eran unos músicos desempleados vestidos de tal manera que fueron a ver a San Emilio Azcárraga I, quien elogió su show y les pidió acompañaran sus coplas con unas trompetas sordas.
Estamos a la espera de la versión que afirma que es una conspiración nazi contra los habitantes de este lado del mapamundi, por andar creyendo que la justicia la deben impartir luchadores enmascarados y no los alemanes enfundados en trajes padrísimos lavados en tintorería. Ya llegará.
Lo que sí es cierto es que el mariachi forma parte de nuestra vida.
Y es un placer recomendar su disfrute. Para quien lo dude, el propio Alberto Aguilera Valadez, Juan Gabriel, concedió una entrevista en los años noventa al periódico La Jornada, donde se le cuestionaba si los jóvenes escuchaban la música del divo de Juárez. Su respuesta no tiene desperdicio: después de escuchar durante horas a U2 o Guns and Roses, lo que piden es una mariachi, cantando “Se me olvidó otra vez”.
Acercarse a los libros que contienen las letras de estas coplas es, en definitiva, una tarea impostergable. Escoja su éxito más sobado y, al final, no olvide el grito: ”Mi mariachi” o “Gracias México” si trae la autoestima muy alta. Provecho.