500 luces de Gray · Los hombres son de marte…

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El siglo XX dejó como legado, para el siglo XXI, además del automóvil, las naves espaciales, la radio, la televisión y las películas de luchadores, una serie de publicaciones dedicadas nada menos que a las relaciones humanas.

Digno coagente de El vendedor más grande del mundo, de Og Mandino; Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie; Tus zonas erróneas, de Wayne W. Dyer; El monje que vendió su Ferrari, de Robin Sharma y Usted puede sanar su vida, de Louise L. Hay, Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus, de John Gray es uno de los bestsellers de autoayuda y superación con más ventas a nivel mundial, con un registro que se antoja inalcanzable de siete millones de ejemplares.

Esta cifra le ha permitido a John Gray por lo menos, ser millonario, ser uno de los autores más vistos y tener mucho tiempo para escribir, ad infinitum, sobre el tema: Marte y Venus juntos por Siempre, Marte y Venus en el dormitorio, Marte y Venus enamorados, Marte y Venus en una cita, Marte y Venus partir Más, Milagros prácticos para Marte y Venus, Para entender a la mujer de tu vida. ¿Por qué las mujeres son de Venus?, Marte y venus en el trabajo, Verdaderamente Marte y Venus, Venus al rojo vivo, Marte bajo cero y una veintena más.

Confiando en que su aportación ayude a disminuir la frecuencia del divorcio (Gray ya pasó por uno), pensando que puede aumentar el número de matrimonios felices, y asegurando que nuestros hijos merecen un mundo mejor, John Gray basa todos sus trabajos en una metáfora sostenida en la imagen de que hombres y mujeres son especies provenientes de planetas tan distantes como diversos (el citado Marte y Venus) y que es necesario despertar de una amnesia selectiva que los volvió entes sufrientes en un mundo hostil como la tierra.

Entonces apareció John Gray para orientar a estas criaturas que por miles le han contado sus propias experiencias y, hablándoles en parábolas, traducidas en ediciones de papel, que vende en promedio de diez dólares, todos esos millones de compradores alcanzaron la felicidad deseada, en la compañía de su pareja, volvieron a ser felices sobre la tierra y adoraron a Gray, cuya fama traspasó las fronteras y, de seguir la misma metáfora, alcanzó otros mundos y otras especies.

Total, que si las enseñanzas de Gray sobre la tierra son no sólo conocidas, sino practicadas por Gray y sus seguidores, este guía espiritual, práctico en las relaciones, gentil en los consejos, acertado en sus juicios, está a punto de ser Jesucristo. O una versión similar que haya de este, en otros planetas.

Juzgue el lector el capítulo nueve (asumiendo que el paladín lleva a la práctica sus propios versículos) qué hace Gray cuando su mujer, de nombre Bonnie, intenta iniciar una discusión: asume que la comunicación es lo más importante en una relación (no el amor), comprende que las mujeres y los hombres son diferentes, que las cosas lastiman por la manera en que son dichas, no por lo que se dice, y evita pelear, volar, simular y renunciar.

Todo el problema es la aprobación que debe recibir el hombre, por la mujer; o que ella desaprueba la manera en que él le está hablando. Entonces Gray le expresa a Bonnie sus diferencias, sin discutir, a través de la comunicación afectuosa, tomando en cuenta que ella está tratando de mostrar su apoyo, tal vez esté aprendiendo a reafirmar sus sentimientos, recibiendo amor. Fin. No hubo discusión. Los rayos de luz que aporta Gray sobre el conocimiento de las relaciones humanas no tienen desperdicio.

Gray no lo dice, pero si usted es hombre y ama a su pareja, que es una mujer, compre los libros de Gray: tal vez el hecho de verlo en su buró sea una buena señal para ella y el volumen comience así a irradiar luz sobre las relaciones entre marcianos y venusinas. Por favor, léalo en otro momento que no sea en el instante de iniciar una discusión: es un libro que arroja luz, pero no es viable cuando su Bonnie tuerce los labios y dice tenemos que hablar.