A la sombra del árbol

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En México, uno de los pensamientos más claros, intelectualmente hablando, es el de Octavio Paz. Un árbol cuya sombra le cobija a muchos todavía, a pesar de su partida en el año de 1998, tiempo en el que apareció el libro Octavio Paz, las palabras del árbol, de Elena Poniatowska, una especie de monólogo, entrevista, diálogo a una sola voz, tuteo, recuento de una relación que pareciera de por vida, crónica de sociales, repaso a la intelectualidad mexicana. Todo eso junto –y cabe decir que por separado también– es el libro de la autora de Tinísima y Lilus Kikus.
A Octavio Paz le decían La Neurona (así, con mayúsculas, lo llamaba Julio Scherer) y El Pontífice (igual, los reporteros) en la revista Proceso. Le han de seguir diciendo así. Esto que puede parecer una infidencia o un material a modo de los espacios informativos dedicados a la farándula, es más o menos el contenido de este best seller de Plaza Janés que lleva un buen de reediciones, no se sabe si por la fama de Elena, de Octavio, de los dos juntos o de ninguno de los anteriores.
Y es que la sombra de Octavio Paz seguirá cobijando a este y otros ensayos igualmente jocosos y proporcionalmente serios sobre la vida y la obra de este mexicano del que todos se sienten orgullosos por la multiplicación ad infinitum de El laberinto de la soledad y la obtención del premio Nobel de literatura.
Elenita, como se le conoce ya actualmente, le quema tanto incienso al autor de Libertad bajo palabra, que de plano no deja ver mucho: es un recuento, muy retórico en la forma, pues está hablado en tercera persona (¿te acuerdas, Octavio? Nos receta desde la primera línea de sus 232 páginas) y es también una densa recopilación de calificativos, claro que todos ellos efectivos, para perpetuar la fama y la estrechísima relación de la escritora hiperbólica, asombrada, impresionadísima, por las palabras del árbol que es Octavio Paz. 
Hay que entender a la autora, familiar cercana de la poetisa Guadalupe Amor, amiga de la intelectualidad mexicana contemporánea, desde Paz, Fuentes y todos los que la memoria puede echar mano, entrevistadora súbita y sobre todo amiguísima del Nobel de literatura. Muy su amiga, pero con un nivel literario muy por debajo del árbol Paz. Su tributo es para enterarse qué pasaba cuando iba al cine con Octavio, de cómo era “La chatita”, Helena Paz Garro, del colegio de monjas que pisaba en su infancia la propia Poniatowska, de su separación con el poeta, a raíz de la publicación del libro Tinísma y el consabido reencuentro.
Literatura ligera. Se diría que el libro es producto de la caída otoñal de las hojas de ese enorme árbol llamado Octavio Paz. Un buen intento de acercarse a Paz y la intelectualidad mexicana, pero no a la literatura que tanto defendía el Nobel mexicano, pues el tomo es ideal para disfrutar junto a la alberca, daiquirí en mano. Salud.