Noche de tributo, en Teopanzolco

0
820
Los 4 tenores

POR RICARDO MORENO-VALENCIA

Y más de siete siglos después, los tlahuicas, esa poderosa e influyente civilización de Cuauhnáhuac o Cuernavaca, regresaron al sitio de Teopanzolco, pero no a la zona arqueológica cuyo significado es “en el templo viejo”, sino al del siglo XXI, el de la cuarta transformación de México, el naciente auditorio del mismo nombre, Teopanzolco, obra del arquitecto judío mexicano Isaac Broid Zajman.
Regresaron motivados y no para adorar a Tláloc y Huitzilopochtli, que de la lluvia y la guerra sus deidades son, sino para rendirle tributo a un Príncipe, José José, mediante una propuesta artística de ópera pop o classical crossover, ideada y ejecutada por los Cuatro Tenores, que su concierto ofrecieron este 14 de febrero de 2019, día consagrado al amor y la amistad, en que se recuerda la imagen del sacerdote Valentín, que unía en matrimonio a parejas de jóvenes, razón por la que fue ejecutado.


Y sus vehículos formaron frente al nuevo Teopanzolco, lentamente hasta llegar al servicio de valet parking avanzaron. 50 pesos. Escucharon: –Se paga ahorita y al final, ¿ve esa casetita con las llaves? Pues ahí se van a formar a la salida, para recibir sus carros. El apurado empleado recibió el dinero, entregó un boleto azul con dos talones y se perdió a bordo del Chevrolet.


Ya adentro quedó claro que atrás quedaron las épocas en que el anterior auditorio servía lo mismo para una graduación de escuela secundaria, que una presentación del payaso Platanito o hasta un concierto de Air Supply (“here I am, the one that you looove…”), pues lo que reina en este totalmente nuevo Teopanzolco es la modernidad, con sus espacios ampliamente triangulares, en los que los tlahuicas formaron una larga fila, como en Disneylandia, haciendo eses de extremo a extremo. Descendieron por una estrecha escalera y de una oficiosa dama el programa de mano recibieron, antes de buscar un espacio entre las más de 800 butacas disponibles.
Y todo funcionó bien: el tout Cuernavaca estuvo ahí, y nadie se quejó de la ausencia de un pasillo central entre las butacas, pues al judío constructor le pareció que se fomenta la cordialidad cuando alguien quiere llegar o salir de la parte central de una larga hilera de más de 30 butacas.


Como telonera, la orquesta del fuego nuevo “Osfun ensamble” dos piezas de Karl Jenkins interpretó. En medio de aplausos, salieron del escenario los más de 14 músicos, que más tarde volverían y ahora sí, con Buenos días amor, los cuatro tenores aparecieron en el escenario y dieron paso a cada uno que la canciones interpretara, como Preso, de Rafael Pérez Botija, cantada por Gabriel Dubois (con cargo, según el programa de mano, de director comercial, promoción y redes), Vamos a darnos tiempo, cantada por Roberto Cuevas (director musical), Lo que un día fue no será, interpretada por Omar Ramírez (director artístico) y Una mañana, ejecutada por Félix Molina (cantante).


Y los tlahuicas, primero despacio y cada vez más fuerte cantaron, sin poder evadir el influjo de las canciones de Pérez Botija, como Volcán, interpretada por Gabriel Dubois.
Yo que fui tormenta, yo que fui tornado
yo que fui volcán, soy un volcán apagado
porque tú volaste de mi nido
porque tú volaste de mi lado
Con Almohada, los cuatro tenores para el intermedio se despidieron.
Regresaron luego para sorprender con canciones no interpretadas por José José pero igualmente rendidas en tributo, como Amor Amor amor, en la conocidísima versión musical de Luis Miguel, después Quizás quizás, Piel canela, Quien será y Cachito.
Gabriel Dubois, retomando las canciones de Rafael Pérez Botija, cuyo título son de una sola palabra, se lució con Desesperado.
Desesperado
necesito tu cuerpo caliente a mi lado
para darme esa fuerza que solo tú me has dado
ten piedad de mí.


Y el concierto siguió funcionando, sin posibilidades de fracaso, porque está basado en una fórmula comprobada: los tlahuicas, al igual que millones de mexicanos, tienen en el alma las canciones de José José tatuadas, han escuchado al menos una vez en su vida Ya lo pasado pasado, La nave del olvido, Gavilán o paloma. Y ese gustó traspasará otras y otras generaciones, y no tendrá fin. Pero el concierto sí, y para interpretar El triste, en el número final, volvieron los músicos de la Osfun y los cuatro tenores y las más de 800 gargantas la entonaron, la disfrutaron y pidieron más, con gritos de otra otra otra. Y estaba dicho que, la última canción tributada al príncipe sería Soldado del amor, éxito de Manuel Mijares, coreada por todos. Y ese fue el final.
Y como dijo el empleado del valet parking, en la casetita se entregaron los boletos con dos talones a una diligente empleada, y ya había una larga fila de autos, ahora en sentido hacia la salida, listos para ser entregados a sus dueños, y algunos más de 40 minutos esperaron, y mientras, trataron de atisbar la belleza del otro Teopanzolco. Y comprendieron, por el aire frío que corría por el lugar, por qué Ehécatl, dios del viento, tiene su propio templo menor enfrente, pero su poder e influencia baña los dos sitios.

Fotos: Facebook/los 4 tenores. Maritza Cuevas