El amor perdurable

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POR JUAN LAGUNAS

El diccionario de la Real Academia Española de la Legua define al vocablo “núbil” como: “Persona apta para casarse; dícese más de la mujer”. Por ende, las féminas son más proclives, como los personajes de “Chicas casaderas”, largometraje de 1961, dirigido por Alfredo B. Crevenna (“El coyote emplumado”, 1983).
Maricruz Oliver esteraliza el drama romántico. Esta gran actriz (conocida más por “Teresa”), interpreta a Marcela, quien pretende desposarse con don Miguel de la Barrera (dueño de una mueblería), con el objetivo de ayudar a su padre.
Varios personajes de “Teresa” y “Quinceañera” repiten aquí. El filme recae en el cine de fórmula, tan reseñado por Luis Buñuel. La época de oro está propensa a la escisión.
Se entrelazan tres historias, de igual número de mujeres de alrededor de 20 años. Se vislumbran los niveles económicos que aún persisten: clases alta, media y trabajadora.
Las muchachas están en las postrimerías de sus nupcias, pero con diferentes aristas y, asimismo, vicisitudes que habrán de enfrentar. El desencanto, la iniquidad y, sobre todo, el sacrificio de la felicidad, se mezclan en la trama.
Las contingencias trazan rutas y paradojas. Sin embargo, son las aspiraciones afectivas las que definen el destino de las tres.
La fotografía es espléndida, porque destaca ciertos recovecos de la Ciudad de México, en el principio de una década decisiva: insurgencia estudiantil; rompimiento de paradigmas en el núcleo familiar; independencia sensitiva…
Es, además, una ventana por donde se divisan las costumbres burguesas; desde las conductas hasta el vocabulario y el vestido.
Como casi siempre, triunfa el amor (sin ambages); el que se ensimisma en la pureza de los amados. Así, Marcela obedece a la ansiedad que emerge de su corazón. ¡Es la llamada del amor!
Seguro, los versos de Cyrano de Bergerac habrían servido de banda sonora:

Al fin y al cabo, ¿qué es, señora,
un beso? Un juramento hecho de cerca;
un subrayado de color rosa
que al verbo amar añaden; un secreto
que confunde el oído con la boca;
una declaración que se confirma;
una oferta que el labio corrobora;
un instante que tiene algo de eterno

Disfrútela una vez más. El mes del amor y la amistad lo amerita. Cada mujer lleva en los labios un aroma incesante a ósculo sincero.