Balún Canan · Cine

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Por: Juan Lagunas Popoca

En “Se mecen los árboles”, Jaime Sabines musita al oído: “… le dan a uno ganas de ser árbol”. 
Las ramas y las raíces se parecen a los brazos del amado (con apoyo de la metáfora y la alegoría). Su tallo es una mirada de luz, que se disemina en la oscuridad de la ausencia. Las hojas secas, adheridas al aire, simbolizan la muerte.
“Balún Canán” (1977) es un filme mexicano donde, al margen de la trama, se enaltece la belleza natural de Comitán, Chiapas, donde florecen el nance, el roble, la caoba, el ciprés y el pino.
Es la época de Lázaro Cárdenas, en que se erigió un nuevo orden académico -con un sentido universal-. Está basado en la novela homónima de otra chiapaneca: Rosario Castellanos. 
Saby Kamalich lleva el papel principal (genial, sin discusión). Ésta tiene una hacienda en Balún Canán (Comitán, en maya), donde sus dos hijos (una niña de siete años, y un varón: Mario) atestiguan las pugnas políticas y la intolerancia social subyacentes. 
El tema de la enseñanza (la alfabetización) es decisivo. El cacique, César Argüello, le encomienda a su sobrino, Ernesto, que se haga cargo de esta responsabilidad. Empero, comete la osadía de maltratar a los infantes indígenas, porque no podía comunicarse en la lengua originaria: el tzeltal. Esto desencadena la beligerancia. 
Un punto álgido en el largometraje se sitúa en la muerte del menor (receptáculo de la herencia del poder económico y político del padre). En consecuencia, la nostalgia se expande en el corazón de la familia de hacendados. 
Los pigmentos que acompañan el lenguaje cinematográfico no demeritan la fotografía, que emergió de la lente espléndida de Gabriel Figueroa. 
En el instante en el que la narrativa literaria se introduce en el cine, la crítica suele disentir hasta el cansancio. Así sucedió con este trabajo, cuya dirección fue de Benito Alazraky (“Raíces”, “Los amantes”, “¿Adónde van nuestros hijos?”, “Café Colón”).
No obstante, vale la pena. La capacidad histriónica del reparto es salvable también: Tito Junco, Pilar Pellicer, Fernando Balzaretti, Cecilia Camacho, José Chávez, Anita Blanch, Rosaura Revueltas y Ada Carrasco, entre otros.
Es una invitación a conocer un estado ataviado de colorido y de zonas icónicas. Además, nos conmina a leer la obra de la poetisa. 
Finalmente, regresemos a Sabines, a propósito de la algarabía que genera el séptimo arte:
“(…) los árboles parecen muchachas dormidas de pie 
a las que el sueño del amor lleva de un lado a otro la cabeza. 
Estos árboles de la ciudad, tan esbeltos y solitarios…”.