Israel Vázquez Román nació pintor

“La obra tiene dos mitades: la del pintor es la primera y la del espectador la segunda, si se suman, tenemos un todo, eso es el arte”

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POR JOSÉ ARENAS MERINO

Guayabo orgulloso, cumplirá 45 años el 15 de mayo, Israel Vázquez Román nació pintor. De madre guerrerense y padre chilango (sic), hijo a su vez de padre pintor, es decir, que Israel es la tercera generación pues su abuelo también lo fue.


Si nació en Morelos es porque su padre venía frecuentemente a buscar paisajes en estas tierras zapatistas y esa frecuencia se convirtió en costumbre y de costumbre pasó a una prolongada estadía, tan prolongada que ya no se movió de aquí desde entonces, casi tres décadas ya.


Israel —que también es músico—, es de sus hermanos el único que pinta, pero tiene una hermana actriz, Ireli, dueña de su propia compañía teatral, a quien por cierto le produce algunas de sus obras y las musicaliza.


Tropezando con los caballetes y oliendo los tubos del óleo, desde pequeño sintió el llamado de los pinceles, aunque mucho más tarde acudió a la Universidad de Las Américas a estudiar la carrera de arte en Puebla, sin embargo reconoce que su mejor mentor fue su propio padre quien se dedica al paisajismo y con él trabajó una docena de años, hasta que encontró su propio camino: el abstraccionismo, escuela que aprendió en Vancouver, donde vivió un par de años tratando de mostrar su trabajo con ejemplos del paisaje mexicano. Fue entonces que un galerista le sugirió que aflojara la muñeca y se permitiera intentar algo más modernista, más libre y así llegó a la escuela del abstracto.


Volver de esa vivencia y tratar de hacerse de un nombre como pintor de tal escuela no fue tan sencillo, advierte, pero además de talento, Israel tiene suerte y así fue como otro galerista, este mexicano, lo promovió para presentarse en Miami y Nueva York inicialmente, y luego en Europa y Asia, donde es sumamente cotizado.


Romper con el costumbrismo y los paisajes —incluido el retrato, que también le gusta—, a su padre le significó un shock, dice Israel, pues se suponía que él era una generación más y que había un legado que preservar; sin embargo, al ver que su hijo era aceptado no sólo aquí sino más allá de las fronteras nacionales, se convenció de que tenía ese “algo” que distingue a un verdadero artista.


“La obra tiene dos mitades: la del pintor es la primera y la del espectador la segunda, si se suman, tenemos un todo, eso es el arte”, explica el autor de pinturas que se venden en los muchos países a donde acude a mostrarlas.
Para conmemorar el Centenario Luctuoso de Emiliano Zapata, preparó una exposición que se inauguró en la Galería Víctor Manuel Contreras de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, la cual será llevada luego a la Cancillería mexicana, en la Ciudad de México. Israel es además de un extraordinario pintor, un extraordinario amigo, y aquí le agradezco haber colaborado con la portada de mi poemario “Mujer, tú me inspiras”.